Doug Collins: entrenador

Los Sixers salen del pozo, como todos los equipos entranados por este señor

Publicado por Pepe Rodríguez el 09 de febrero de 2011 a las 18:57 horas.

Hay un placer muy obvio en la NBA, uno que hace que paguemos tan gustosos el League Pass y pidamos más: ver equipos que nadie más ve. Se trata de querer fardar, de ponerse chulito diciendo que no ves a los mismos que los demás, que estás a otro nivel.

Obviamente, el pensamiento es tan absurdo y apestoso que se te va de la mente a la que te ves en el espejo. Y vuelves a lo tuyo. Pero no hay duda de que, para los que llevamos más de dos décadas enganchados a esta droga, hay un punto friki en ver a equipos menores que pocas ligas tienen la capacidad de igualar. Será porque en cada esquina hay un jugador interesante, en cada equipucho en reconstrucción un par de elecciones de draft que te apetece valorar o, como es el caso, en cada franquicia caída en el olvido hay un personaje que te hace sentir como ante un viejo conocido.

Doug Collins es un viejo conocido mío. Es por eso que este año he visto más partidos de los Sixers de los que recomendaría un psicólogo. Y hoy, enfrascados en una paliza monumental frente a los Hawks, me han empujado a hablar del asunto.

Antecedentes de los Sixers: tenían un equipo joven y prometedor; tras dos temporadas en los 40 y 41 triunfos, en las que cayeron en primera ronda de playoff, regresaron al territorio de menos de 30 victorias; el mayor problema es que estaban completamente estancados en una plantilla inflexible salarialmente en la que Elton Brand era un lastre; ficharon a Doug Collins

Antecedente de Doug Collins: entrenó por primera vez en la NBA a los Chicago Bulls de Michael Jordan y Scottie Pippen; con ambos ya en plantilla habían ganado sólo 30 partidos; Collins les llevó, en su primer año, a las cuarenta victorias; su siguiente trabajo fue en los Pistons, cogió al equipo de los Grant Hill y Allan Houston en 26 victorias y les llevó, en su primer año, a las cuarenta; luego Jordan le llamó para que le sirviera de acompañante en su viaje en los Wizards, y en esta ocasión cogió un equipo de 19 triunfos y lo puso en 37; los Sixers del año pasado ganaron 27 partidos y, ahora mismo, ya están en 24 cuando quedan más de dos meses de competición.

Doug Collins lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a entrenar a un equipo de jovenes talentos y, como por arte de magia, les ha llevado a una nueva dimensión que, si bien no les pone a ganar títulos, si que les hace valorarse mucho más, superarse y, en definitiva, educarse en el mundo del baloncesto. Es un educador, un moldeador, un profesor, un maestro. Doug Collins es un tipo que pizarra en mano, y siempre sin perder los papeles ni la elegancia, trata de explicar de que va el juego a unos chavales que, hasta su llegada, hacían la guerra por su cuenta.

Por si no lo sabéis, el señor Collins tenía, hasta el año pasado, el puesto más deseado de la televisión baloncestística yanki: era el analista número uno de la cadena TNT, que da los mejores partidos a nivel nacional. No sólo a nivel de prestigio, sino que también a nivel económico, el tipo estaba en la puñetera cima. Durante estos años le han ofrecido volver a entrenar, y siempre declinó, pero no pudo decir que no a los Sixers porque se daban las circusntancias antes descritas de que podía dedicarse a enseñar a una serie de jovenes y prometedores atletas que no estaban rindiendo al nivel presumible.

Recuerdo que, cuando aceptó, la inmensa mayoría de analistas, y de blogs, lo vio como un error. No se entendía como a su edad podía volver a ese berenjenal, en una franquicia complicada, con una base de fans cabreada, abandonando un puesto de tanta seguridad y prestigio. De hecho, hubo alguna encuesta por ahí preguntando "¿qué harías si fuese Doug Collins?" y la abrumadora mayoría votaba por quedarse en la TNT.

El maestro cogió el pizarrín y se dirigió a Philadelphia.

¿Qué tenemos ahora? Tenemos a unos Sixers en playoff que, no lo olvidemos, empezaron la temporada con un pírrica 3-13, lo que deja su record desde entonces en un más que respetable 21-14. Tenemos a un equipo que juega conjuntado, cuya dependencia de las suspensiones de Brand o Iguodala es cada vez más pequeña, una rotación inteligente que hace que siempre haya algún anotador en pista, una defensa que no para demejorar y ya está cerca del top ten de la liga.

Quizás la decisión que mejor ejemplifica su compromiso con la educación baloncestística del grupo es lo que ha hecho con Jodie Meeks y con Evan Turner. El primero es un jugador que fue el máximo anotador de la NCAA, jugando en Kentucky, al que todos los scouts dieron como caso perdido para la NBA por no ser suficientemente explosivo, ni suficientemente alto, ni suficientemente listo como para jugar de base. El segundo es una gran estrella de Ohio State cuyo juego siempre recordó a Brandon Roy y que, en alguna mente loca, llegó a disputar el puesto de mejor promesa el año pasado frente a John Wall. El caso es que Collins invirtió los roles de ambos y les convenció de que era lo mejor para el equipo. De esta manera Meeks juega de escolta titular, arropado por la contundencia de Jrue Holiday en el backcourt y por la absorción de juego que hace Andre Iguodala, por lo que sus defectos se ven muy poquito, y Evan Turner sale con la segunda unidad pudiendo ejercer de falso base y liberando a Loui Williams de esa penosa tarea de dirigir, algo para lo que no está dotado a pesar de su estatura.

De un plumazo, enseñó a estos cuatro chicos a maximizar sus virtudes, a tapar sus defectos y dio consistencia a la rotación de forma que los inicios del segundo cuarto nunca son de bajón para los Sixers. Thaddeus Young tuvo un tratamiento similar y juega con Turner, por lo que se beneficia de sus asistencias, algo que sería muy complicado si compartiese pista con Elton Brand.

Los Sixers juegan bien, juegan como se debe, y sacan lo mejor de si mismos. Eso no les lleva a ser aspirantes a nada, tampoco a evitar que el corsé salarial sea menos apretado, pero seguro que hace que todos estos jugadores se hagan mejores, se les saque más rendimiento, y la afición de los Sixers abandone su reciente pesimismo. Y todo porque un señor decidió que quería seguir enseñando baloncesto.

Aquí mi sombrero, señor Collins, aquí mi sombrero. Con Dios.

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1 comentario

Robert

Me he quedado de piedra,ha dimitido Sloan...es un día triste para el baloncesto :(

Pepe, este hombre se merece que le dediques un artículo de los tuyos.

10 de febrero de 2011 a las 22:47 horas.

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@josansas @GVazquezNY Si apostaste con pasta, igual te llevas un pico. Nosotros íbamso desde principio con Celtics y Spurs. Old skool!

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@gvazquezny Sería una lección taaaaaaaaaaaaaaaan grande de como se juega al baloncesto que ganasen los Spurs el anillo..

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