Alabama ha ganado el título de la temporada 2011 de football en la NCAA, ha ganado la final del BCS. 21 puntos anotó ese ataque pero, ahí va el subrayado especial que define toda la temporada, no hubiese necesitado más que uno para ganar porque dejó a LSU en 0 puntos, mondos y lirondos.
0 puntos. En la final. 0 puntos a un equipo al que le había permitido nueve, vía tres FGs (y uno de ellos en la prorroga), en el primer enfrentamiento entre ambos del año. Y de aquellos dos FGs hay que decir que fueron precedidos por sendos errores en ataque que dieron el balón a los Tigers en gran posición de campo.
Ayer el equipo de Louisianna no pasó del medio del campo hasta que quedaban menos de ocho minutos de partido. No fue capaz de hacer ninguna jugada de 20 yardas. Sólo un pase alcanzó las 10 yardas. Las jugadas de option murieron antes de la línea de scrimage. No pudo chutar un sólo FG.
¿Cuan impresionante es dejar a un equipo como LSU sin anotar un TD en ocho cuartos y una prorroga? ¿Qué barbaridad esconden estos números?
LSU, contra lo que se puede pensar, contra lo que piensa mucha gente, es un buen equipo en ataque. Lo es. 40 puntos a Oregon, campeón de la Rose Bowl, 47 a West Virginia, campeón de la Sugar Bowl, 41, 38, 45, 52 y 41 a sus rivales de la SEC, las defensas más temibles de la competición, y 42 a Georgia en la final de la SEC. O sea, que nadie venga con historias de que, sencillamente, son un mal ataque.
No lo son.
Es una cosa querer ver explosiones anotadoras por gusto personal, cosa que me parece respetable, y una muy diferente quitar méritos a la increíble exhibición de Alabama. Porque sólo de increíble se puede calificar a esa defensa que no ha permitido más que 8 puntos y poco de media en todo el año. Por el centro no se les puede correr, por las esquinas menos. Su secundaria sabía bien contra quien jugaba y se mantuvo en línea con el resto de la defensa haciendo que las jugadas de option y las pantallas no llegaran a ningún sitio pues, como aviones, Krikpatrick, Menzie, Barron o, inlcuso Upshaw desde la posición de End, asaltaban al pobre infeliz que tuviese el balón.
Jefferson, ante esas circunstancias, tuvo un partido terrible. Desquiciado porque nada salía, y porque era incapaz de amenazar a esa defensa con pases profundos, cometió un error garrafal que hundió la escasa moral de su equipo:
Los pocos arrestos que quedaban en el lado de los Tigers murieron ahí.
Nick Saban ganó la partida también en ataque a Les Miles. Desde el principio del partido usó los primeros downs para pasar, lo que desconcertó por completo a la defensa de los Tigers, cuyo plan era avasallar desde cerca. McCarron sacó provecho de ese gameplan y movió las cadenas. Las movió lo suficiente como para poner a su equipo en FG Range, tampoco más, porque no se vio ningún TD hasta faltar cuatro minutos de partido con la única carrera de verdadero fuste de Trent Richardson, sacado del partido, incluso, en momentos claves con su equipo rondando la red zone.
No es que hiciese falta más, la verdad, porque de no haber anotado ninguna vez el partido seguiría jugandose a estas horas ya que, como quedó demostrado, la defensa de Alabama no iba a permitir un sólo punto en todo el partido, y el ataque de LSU no iba a tener ningún argumento ni entonces ni ahora.
Es la victoria de una clase reclutada hace ahora tres años que, al calor del esquema clásico de Nick Saban, ha dado lugar a un equipo cuyo poder dominante es abrasivo. El espectáculo de ver a esa defensa cubrir huecos con toda la responsabilidad del mundo, mientras dos o tres cazas a reacción se echan encima del balón no tiene parangón. En una época en la que las spread y los esquemas ofensivos se llevan todos los titulares la final del campeonato asistió a un choque de trenes de gran tonelaje saldado, como el primer envite, con victoria de las defensas.
Alabama vuelve a reinar y consigue su decimoquinto título nacional, el segundo en tres años. Saban se convierte en el primer entrenador de la era BCS con tres títulos. Todo gracias a un football poderoso y, sí, hermosísimo.
Publicado por Brasín Regueiro, el 10 de Enero de 2012 a las 12:41 horas.